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sábado, 8 de marzo de 2014

Ruano

La Prensa

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Del auge del actual Siglo de Oro da fe el hecho de que dos periodistas culturales puedan dedicar tres años a investigar la “leyenda negra” de Ruano con vistas a una limpieza del callejero.

    –Un periodista que cruzó todos los códigos deontológicos, ¿debería tener una calle?
    
He aquí la tesis de su libro.

    –Pues el siguiente será Cervantes –me dice un amigo de los toros que trabaja en Hacienda–, que fue a la cárcel por quedarse con las tercias y alcabalas que recaudaba.
    
La verdad es que César González-Ruano quiso saltar a la fama metiéndose con Cervantes en el Ateneo y todo lo que consiguió fue este titular: “A González no le gusta Cervantes”.
    
Ideológicamente, Ruano, como cualquier español, fue de todo, dependiendo del día del mes, o sea, del dinero de bolsillo. Y en algún periodo de su vida fue hasta facha. Un facha muy raro (no pagaba las cuotas de la Falange) y con mucha suerte (cuando los milicianos fueron a su casa madrileña para “pasearlo” estaba en Roma), pero facha, que es lo que ahora podría costarle la calle.

    ¡Una calle!

    (Unamuno, lego en música, sentía celos del renombre de Falla y de la placa en Bilbao de otro músico, Arriaga, “un error, porque quien nació ahí fui yo, no Arriaga”.)

    –Pero es que ¿a quién se le ocurre estar en Berlín en 1933?
    
En 1933, Ruano estaba en Berlín de corresponsal de ABC. Del ambiente cultural de aquel momento habla Hannah Arendt en una entrevista de 1964 que circula por “Youtube”:

    –El verdadero problema personal no fue lo que hicieron nuestros enemigos, sino nuestros amigos. La uniformización fue la regla entre los intelectuales. No así en otros ámbitos. Y esto nunca lo he olvidado. Dejé Alemania con la idea de no meterme nunca más en historias intelectuales. No quería tener nada que ver con semejante gente.
    
La revisión socialdemócrata del “Index Librorum Prohibitorum et Derogatorum” impone el ostracismo, pero lo liberal sería una placa con la leyenda “Aquí vivió un escritor comprable”.